"Es muy difícil decidir cómo y por donde
comenzar. He estado pensando mucho, largamente, varias ideas, tratando de
hallar un modo.
Por fin se me ocurrió un pequeño pensamiento, una
metáfora musical, a través de la cual he podido pensar con claridad y hallar
comprensión, ya que no satisfacción; quiero compartirla con usted. Por eso le
ruego que me soporte en otra lección, una más.
La forma más comúnmente usada en las obras clásicas
de mayor envergadura es la sonata. Es la base de casi todas las sinfonías y
conciertos. Consiste en tres partes principales: exposición o apertura, en la
cual se adelantan y presentan mutuamente pequeñas ideas, temas, fragmentos y
piezas; el desarrollo, en donde estas pequeñas ideas y motivos son explorados a
fondo y expandidos, con frecuencia pasados de tono mayor (alegre) a menor
(triste), ida y vuelta y finalmente desarrollados y entretejidos en una mayor
complejidad, hasta que al final se produce: la recapitulación, en la cual hay
una reafirmación, una gloriosa expresión de la madurez plena y rica en que se
han convertido las diminutas ideas, a través del proceso de desarrollo.
Te preguntaras qué relación tiene esto con nosotros,
si es que ya no lo ha adivinado.
Según veo, estamos varados en una apertura
interminable. Al principio era lo autentico, un puro deleite. Es la parte de
una relación en la que uno está en su mejor expresión: excitado, excitante,
interesante e interesado. Es el momento en que uno se siente más cómodo y más
digno de amor, pues no siente la necesidad de modificar sus defensas; entonces,
el compañero puede sentir a un ser humano, en vez de un cactus gigantesco. Es
una época de deleites para ambos; no me extraña que le gusten tanto las
aperturas que quiera hacer de tu vida toda una serie de ellas.
Pero es imposible prolongar interminablemente los
principios; no es posible expresarlos una y otra vez. Deben avanzar,
desarrollarse… o morir de aburrimiento. Pensaras que no. Necesitas alejarte,
cambiar, ver otras personas, otros lugares, para volver a una relación como si
fuera nueva, y vivir comienzos nuevos sin cesar.
Avanzamos en una serie de reaperturas prolongadas.
Algunas tuvieron su causa en separaciones que fueron necesarias por motivos de
trabajo, pero resultaron innecesariamente rígidas y severas para dos personas
tan especiales como nosotros. Otras fueron fabricadas por ti, a fin de
proporcionar aun más oportunidades de volver a la novedad que tanto deseas.
Obviamente, la parte de desarrollo es para usted un
anatema. Pues allí es donde puede descubrir que solo cuenta con una colección
de ideas muy limitadas, que no dan resultado, por mucha creatividad que en
ellas ponga, o lo que puede ser aun peor
para ti: que tiene material para algo glorioso, para una sinfonía; en ese caso
hay trabajo a realizar: es preciso excavar profundidades, entretejer
cuidadosamente las entidades separadas, para mejor glorificación propia y
mutua. Supongo que es análogo al momento literario en que no puede, no debe
huir dejar pasar el tiempo para dar soluciones.
Sin duda, hemos llegado más lejos de lo que era su
intensión llegar. Y nos hemos detenido mucho antes de llegar a lo que, para mí,
eran los pasos lógicos y encantadores que debían seguir. He visto continuamente
detenido el desarrollo contigo, y he llegado a creer que jamás haremos sino
esporádicos intentos de aprovechar todo nuestro potencial de aprendizaje,
nuestras sorprendentes similitudes de interés, sin que importe cuantos años
tengamos por delante… porque jamás pasaremos juntos un tiempo sin
interrupciones. Por eso, el crecimiento que tanto valoramos, y que sabemos
posible, se convierte en imposible.
Ambos hemos tenido la visión de algo maravilloso
que nos espera. Pero no podemos conseguirlo desde aquí. Me enfrento a una
solida muralla de defensas, y tienes la necesidad de fortificarlas cada vez más.
Ansió la riqueza y la plenitud de un mayor desarrollo, y siento que buscas
medios para evitarlo en tanto estamos juntos. Ambos estamos frustrados: tu,
imposibilitado de retroceder; yo, imposibilitada de avanzar, en un estado de
lucha constante, con nubes y sombras oscuras sobre el tiempo limitado que nos
concede.
Con frecuencia me hace sufrir, en un sentido u
otro, el sentir tu constante resistencia a mí, al crecimiento de ese algo
maravilloso, como si yo y el fuéramos algo horrible, y experimentar las
diversas formas que toma la resistencia, algunas de ellas, crueles.
Llevo un registro del tiempo que pasamos juntos, y
le he echado una mirada larga y sincera. Me entristeció, llego a horrorizarme,
pero me ha ayudado a enfrentarme a la verdad. Vuelvo a aquellos días, de julio
y al tiempo que siguió después; me parecen nuestra apertura, y resulto hermosa.
Después vinieron las separaciones, con sus cortes crueles y, para mí,
inexplicables, además de la resistencia esquiva, igualmente cruel, de tus
regresos.
Lejos y separados o juntos y separados, es mucha
infelicidad. La verdad se estrello contra mí con la fuerza de una avalancha.
Enfrentada a los hechos con tanta sinceridad cómo es posible, sé que no puedo
continuar, por mucho que lo deseara.
Confió en que esto no te parezca la ruptura de un
acuerdo, sino la continuación de los muchos, muchísimos finales que iniciaste.
Según creo, es algo que ambos sabemos preciso. Debo aceptar que he fracasado en
mi esfuerzo de hacerle conocer las alegrías de cosas diferentes.
Mi precioso amigo, digo esto con suavidad, hasta
con ternura y amor. Y los tonos suaves no disimulan un enojo subyacente son auténticos.
No hay acusaciones, culpas ni faltas. Simplemente, trato de comprender y de
poner fin al dolor. Estoy estableciendo lo que me he visto obligada a aceptar;
que tu y yo jamás viviremos un desarrollo, mucho menos la gloriosa y completa
expresión de una relación llegada a su plena madurez.
Siento que, si algo en mi vida merecía separarse de
los esquemas preestablecidos, para ir más allá de las limitaciones conocidas,
eso era esta relación. Supongo que estaría justificada si me sintiera humillada
por los extremos a los que llegue para que así fuera. En cambio me siento
orgullosa de mi misma y feliz de haber sabido reconocer una oportunidad rara y
encantadora, mientras la tuvimos; así como de haber dado todo lo que podía, en
el sentido más puro y elevado, para conservarla. Eso me sirve ahora de
consuelo. En este momento final, puedo decir honradamente que no se qué otra
cosa hubiera podido hacer para llegar contigo a ese bello futuro posible.
A pesar del dolor, me alegra haberte conocido de
una manera tan especial; siempre recordare con mucho aprecio el tiempo que
pasamos juntos. Contigo he crecido y aprendí mucho; sé también que te he hecho
grandes contribuciones positivas. Ambos somos mejores personas por habernos
tocado mutuamente.
A esta altura se me ocurre que también podría ser
útil una metáfora del ajedrez. El ajedrez es un juego en el que cada parte
tiene un objetivo propio y singular, aun al trabarse en lucha con el otro: un
juego a medias, en el que la lucha se desarrolla y se intensifica, con pérdida
de piezas y fragmentos para ambos, ambos disminuidos; un juego definitivo, en
el que uno atrapa y paraliza al otro.
Creo que ves la vida como una partida de ajedrez.
Para mi es una sonata. Y debido a esas diferencias se pierden tanto al rey como
a la reina, y la canción es acallada.
Sigo siendo tu amiga, y sé que tu eres el mío. Le envió
esto con el corazón lleno de amor tierno y profundo, del gran aprecio que sabes
siento por ti, así como con una honda pena porque una oportunidad tan
promisoria, tan rara y bella, haya quedado sin completarse."

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